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Canto a Real de Minas

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  En las faldas de pino y serenas colinas, se despierta la cuna del noble lempira; de lejos semeja, con luces divinas, un Belén de terracota que el cielo admira. Arden rojas las tejas bajo el humo quieto, vienen los garrafones al ritmo del paso; el lechero a caballo murmura un secreto mientras frutas llenan el camino al raso. Van los niños de blanco, luz de la mañana, al colegio brotando con pura alegría; el párroco abre el templo, repica la campana, y en el alto regazo se siente la guía. En la nave serena de la Catedral, San Miguel, arcángel de firme coraza, mira al Cristo en el coloso de piedra imperial: dos guardianes velando por nuestra raza. Por la Plaza Central va el tropel de la vida, quien busca el sustento, quien busca un rosal, quien vaga en la brisa de sol suspendida, sin más rumbo ni prisa que el calor vital. ¡Oh, mi Real de Minas de luz y contorno! En tus cerros de pino, en tu cielo de añil, es imposible no amarte en cada retorno, soberana y de siempre, noble y milenar...

El Reloj

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  Respeta el reloj de los demás. Todos tenemos una misión que cumplir en esta vida, y un reloj interno propio que la marca. No tiene sentido compararnos con los demás: solo cada quien conoce el camino que ha trazado, las herramientas que Dios le ha dado y la misión que le corresponde. Me gradué de un colegio católico a inicios de los años 90 y entré a la universidad a estudiar Arquitectura. Era el sueño de mi madre: verme a mí como arquitecto y a mi hermano mayor como ingeniero, formando juntos un equipo. Pero mis primeros años allí fueron de inmadurez: amigos, novia, música y películas, sin un rumbo claro. Descubrí que mi verdadera pasión eran los idiomas, y comencé una licenciatura en Idiomas Extranjeros. A dos años de terminarla, tuve que dejarlo todo: tuvimos que emigrar a Canadá por la salud de mi madre, quien iba a tratarse en un hospital adventista de ese país. Allá, entre mil dificultades, terminé la secundaria de forma acelerada y obtuve mi primer diploma como instructor d...

Lo esencial de la vida

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  A veces dedicamos tantos años de nuestra vida a estudiar: universidad, posgrado, maestría, incluso doctorado para algunos. Todo para avanzar en la profesión. Pero en ese camino solemos descuidar lo verdaderamente esencial: nuestra conexión con Dios, con nosotros mismos, con la naturaleza y con los demás. ¿Cuántas veces vemos personas con gran preparación académica, pero vacías por dentro, malcriadas, incapaces de dar siquiera un “buenos días” a otra persona? Vidas personales hechas un caos, de la oficina hacia afuera, por mucha intelectualidad aparente. No olvidemos lo que realmente importa y a que venimos. La inteligencia intelectual no garantiza éxito ni plenitud. Lo que el mundo necesita hoy más que nunca es humanidad, valores, empatía y amor a la naturaleza, los animales y a nuestros semejantes .

El Sabio y el reportero

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 El corresponsal estadounidense había cruzado un océano y recorrido cientos de kilómetros tras el rastro de un rumor: en el corazón de la India vivía un sabio de una influencia colosal, una mente poderosa que el mundo occidental merecía conocer. Su diario exigía esa entrevista. Tras una extenuante travesía por los senderos escarpados de las montañas sagradas, el mapa lo condujo ante una gruta excavada en la roca viva. Allí, en la penumbra, habitaba el gran hombre, despojado de todo, como un ermitaño. El joven reportero cruzó el umbral, parpadeando ante la desnudez del lugar. No pudo evitar que el asombro tiñera su voz: —Es increíble... ¿Cómo puede vivir así? Ni siquiera tiene muebles. El anciano lo contempló con una dulzura infinita, como quien mira a un niño que acaba de descubrir el fuego. —¿Y dónde están los tuyos? —preguntó el sabio con voz apacible. —¿Los míos? —el periodista sonrió, desconcertado—. Bueno, es que yo solo estoy de paso. El sabio guardó silencio. Sostuvo la mira...
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  El mundo que Rosie escuchaba Un retrato de la voluntad Rosie habitaba un mundo sin colores, sin siluetas, sin el parpadeo fugaz de la luz al caer la tarde. Ciega desde el instante mismo en que el mundo la recibió, creció en esa oscuridad tan íntima que ya no la sentía como privación sino como una forma propia de ser: un universo interior donde los sonidos eran paisajes, las voces eran rostros, y la música era, acaso, su único espejo. Desde niña, sin embargo, ella soñaba. Y en sus sueños —que no eran de imágenes sino de sensaciones y palabras— se veía de pie frente a un aula llena de niños, enseñándoles el idioma que ella misma había aprendido a amar en la penumbra de su cuarto: el inglés, esa lengua extraña y musical que llegaba a ella desde la pantalla del televisor, desde las canciones de la radio, desde algún rincón luminoso del mundo exterior que ella no podía ver pero sí, profundamente, sentir. En la sala de su casa, mientras sus hermanos reían a carcajadas con las ocurrenci...

En Tus Ojos

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Camino despacio, la tarde se va, tu voz me sostiene, no necesito más. En tus ojos descubro la paz, como un río eterno que nunca se va. Si me pierdo, tú me guías, eres mi verdad, mi melodía. Silencio que canta, risa de sol, me basta tu abrazo, me basta tu amor. En tus ojos descubro la paz, como un río eterno que nunca se va. Si me pierdo, tú me guías, eres mi verdad, mi compañía. No hay distancia, no hay temor, solo el pulso de tu corazón. Cierre suave, luz sin final, en tus ojos mi hogar, en tus ojos mi paz.

Cartografía de la Soledad

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  A menudo me preguntan cuál es la parte más difícil de estar solo a esta edad. Y yo respondo, con la transparencia de quien se desnuda en palabras: difícil es no saber qué mesa me espera en el restaurante, qué plato será mi recompensa tras la semana que me deshace y me reconstruye. Difícil es elegir el próximo libro, ese que me abrazará en la penumbra de mi cuarto, con una taza de té tibia que me recuerda que aún hay calor en las manos que sostienen páginas. Difícil es decidir la película que me acompañará en la oscuridad del cine, cuando la única respiración que escucho es la mía, y la historia se refleja en mis ojos como un espejo que no miente. Difícil es saber cuál será la próxima aventura, el viaje que me abrirá las venas del mundo, donde mi soledad se convierte en puente, en raíz, en un modo secreto de pertenecer. Pero en cada elección, en cada duda que me habita, hay también una certeza: la soledad no es vacío, es territorio fértil, es el mapa íntimo donde aprendo a ser mi ...

Más allá del final

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A veces el amor no es un final feliz, ni la última escena de una película donde los cuerpos se abrazan y el mundo se detiene. A veces el amor es aprender el idioma de otra piel, convivir con sus silencios, descubrir que la rutina también puede ser poesía cuando alguien respira a tu lado. Y luego, perder. Perder como quien deja caer un libro abierto en mitad de la noche, sabiendo que las páginas seguirán ahí, aunque ya no puedas leerlas con la misma voz. El tiempo, cruel y sabio, te devuelve ese sentimiento como un eco: no la presencia, sino la certeza de que amar es más grande que quedarse, más profundo que tocar, más eterno que la ausencia. Porque hay amores que sobreviven al cuerpo, que se sostienen en la memoria, y que brillan más allá de la pérdida, como estrellas que nunca se apagan, aunque ya no podamos alcanzarlas. A veces el amor no es un final feliz, ni la última escena de una película donde los cuerpos se abrazan y el...

Frente a la Catedral

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  Quince años atrás, la escuela del centro histórico cerraba sus ventanas, y yo salía con la tiza aún en los dedos, como si la palabra pudiera seguirme hasta la calle. A las cuatro, siempre a las cuatro, una rosa roja en la mano, y la catedral erguida como un guardián de piedra, mirando mi espera, mirando tu llegada. Después, el café tibio, y una crepa que partíamos en dos, y esa risa tuya que era más liviana que cualquier susurro en el aire. El tiempo abrió sus grietas: tú viajaste lejos, yo me quedé en esta ciudad que aún guarda tu sombra en cada esquina. Pero todavía regreso, cada tarde, como quien insiste en un rito mágico: la rosa, la plaza, la hora precisa. No sé si algún día volverás, no sé si el destino se doblega, pero mi corazón persiste, como un hilo que no se corta, como una plegaria que se dice sin voz, frente a la catedral, esperando que el eco de tus pasos vuelva a cruzar la plaza, y que el aroma del café nos devuelva al instante intacto donde éramos dos, y teníamos...

A un Amor Imposible

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  No sé si alguna vez sospechaste la verdad que he guardado en silencio: te he amado desde siempre. No fue un amor que buscara irrumpir en tu vida, ni alterar la paz de tu hogar, sino un sentimiento que nació como un susurro y poco a poco se convirtió en una llama discreta dentro de mí. He admirado tu luz, tu fuerza, la ternura con la que cuidas a tu familia. Y precisamente porque sé que tu mundo está tejido con lazos sagrados —tu matrimonio, tus hijas, tu historia— jamás permitiría que mi presencia causara una herida en aquello que tanto amas. Por eso me alejo. No habrá confesiones en voz alta, ni gestos que puedan confundirse con una promesa imposible. Me retiro con la serenidad de quien sabe que amar también significa proteger, incluso desde la distancia más grande. En mi corazón quedará encendida la llama de este amor que nunca se convirtió en algo más, pero que fue suficiente para recordarme que la vida tiene misterios hermosos, que aunque no siempre se hacen realidad, logran ...

Entre el Frío y la Esperanza

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  Entre el frío y la esperanza En el otoño de 2001, apenas dos semanas después de la tragedia del 11 de septiembre en Nueva York, emprendí un viaje que cambiaría mi vida. Tenía 24 años, mi madre 50 y mi hermana 23. Juntos dejamos Honduras y, tras pasar por Estados Unidos, llegamos a Canadá con la ilusión de empezar de nuevo. Vancouver nos recibió con su cielo gris y un frío que parecía atravesar los huesos. Yo era quien más sabía inglés, y esa pequeña ventaja se convirtió en mi salvavidas. Por las noches trabajaba como lavaplatos en un restaurante griego, sumergiendo mis manos en agua helada y espuma interminable. Con ese dinero logré pagar mis estudios en un college y obtener un certificado TESOL para enseñar inglés. Fue un triunfo silencioso, fruto de jornadas agotadoras y de la convicción de que el esfuerzo abriría caminos. El invierno era duro, pero también tenía momentos de belleza inesperada. Recuerdo la primera vez que vi una ardilla paseando por nuestro nuevo vecindario: pe...

Carta de mi Madre

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  Mi querido hijo, Si estas palabras llegan a ti, es porque el amor que nos une ha vencido al tiempo. No estoy lejos, solo en otra forma de luz. Te escribo desde el rincón más cálido de tu corazón, donde aún habito, donde siempre estaré. Desde que llegaste a mi vida, supe que Dios me había confiado un alma especial. Tu sensibilidad, tu creatividad, tu deseo de hacer del mundo un lugar más justo… todo eso me llenaba de orgullo. Fuiste mi alegría, mi compañero de oración, mi abrazo en los días difíciles. Sé que mi partida dejó un silencio profundo. Pero quiero que sepas que no me fui sin antes agradecerle al Señor por haberte tenido como hijo. Tú y tus hermanos fueron mi mayor bendición. Cada gesto de amor, cada palabra noble que hoy compartes con el mundo, es una extensión de lo que sembramos juntos. Sigue escribiendo, Fabri. Sigue soñando. Tu arte sana, tu voz inspira, tu fe transforma. No estás solo. Yo camino contigo en cada paso que das hacia la luz. Cuando sientas dudas, recuer...

Lizzie

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 Te vi bajo la luna de abril, como quien tropieza con la belleza en una calle vacía. Tu nombre: un susurro gentil que el viento no quiso borrar. Lizeth, estrella en mi cielo gris, mi mañana tibia cuando el mundo apenas respira. Te vi partir y con tus pasos partieron las estaciones. Tus ojos— mares sin fin. Yo, barquito sin ancla, naufragué con gusto, como quien se rinde no por debilidad, sino por querer quedarse. Tu risa, esa música sin pentagrama, todavía toca la madera de mis días más quietos. Lizzie, mi única fe, mi fuego sin temor, mi nombre escrito en el muro suave del corazón que no pide testigos para arder.
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                                                        "Veinte Años y un Café" Nos conocimos en un rincón de la ciudad, entre tazas humeantes y versos  desbordados. Yo, profesor de literatura, con la nostalgia escondida entre las páginas. Tú, secretaria de mirada inquieta, tomando notas de un mundo que te quedaba chico. Fuimos un secreto escrito en la espuma de los cafés, un instante suspendido entre el tintineo de cucharas y poemas prestados. Nos hicimos cómplices de los atardeceres, del cine en blanco y negro y los libros sin dueño. La poesía nos abrazaba como un viejo mantel de café donde el amor dibujaba su historia en servilletas olvidadas. Pero la vida—impredecible y cruel— nos arrojó a orillas distintas. Dos hojas de otoño arrastradas por un viento que nunca preguntó. Veinte años después, en una ciudad que nos ign...
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                                                                                                                      A La Luz de un Sueño La luna llena vigila desde su trono de plata. Mi guitarra tiembla bajo dedos torpes, una melodía que aún no existe pero que sueña con ella. Ventanas abajo, otra luz despierta la noche. Sus pasos imaginarios deshacen el tiempo, bailan en el aire como si el suelo no fuera más que un recuerdo. Dos mundos ajenos, hilvanados por el azar de un día. El café de la esquina, el aroma compartido, su libro cayendo como un instante detenido. Mis manos temblorosas le devuelven las palabras, mi sonrisa callada se atreve a existir. Pero ...

Inolvidable

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  Inolvidable Hay un eco que grita en mi pecho, una llama que arde sin tregua. Donde miro, te encuentro: en la silueta del aire, en el abrazo de la memoria. Tu sonrisa descifra la sombra, como un faro en la piel del océano, como la única certeza en un mundo que a veces calla. Cada paso que das me nombra, cada latido tuyo es una grieta por donde la libertad se filtra. Eres mi canción sin final, una melodía que recorre mi sangre y dibuja versos en mi carne. En tus ojos se ahoga el desierto, mil galaxias se rinden ante tu marea, y cada palabra tuya abre puertas que no sabía cerradas. Mi alma cansada— tan llena de ti, tan llena de sueños— aprendió que el mundo canta porque existes.

Cuando la Insignia Era Nueva

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                                                    Cuando la Insignia Era Nueva   Capítulo 1: Asignación Forzada   Los Ángeles, 1982. La comisaría de LAPD en Parker Center vibraba con la energía de una ciudad al borde del caos . Sirenas , teléfonos sonando , el murmullo tenso de oficiales y secretarias . Era otro día en el infierno urbano .   John McClane, recién salido de la academia, ajustó el cinturón de su uniforme mientras cruzaba el umbral. Nervioso , pero sin mostrarlo . Tenía una reputación que construir , y la última cosa que quería era ser el novato que daba lástima .   —McClane, ¡ aquí ! —Ed Murphy, su jefe, lo llamó con la voz rasposa de alguien que llevaba décadas gritando órdenes . Junto a él , un tipo de aspecto desaliñado , chaqueta de cuero sobre el uniforme , ojos cansado...