Canto a Real de Minas
En las faldas de pino y serenas colinas, se despierta la cuna del noble lempira; de lejos semeja, con luces divinas, un Belén de terracota que el cielo admira. Arden rojas las tejas bajo el humo quieto, vienen los garrafones al ritmo del paso; el lechero a caballo murmura un secreto mientras frutas llenan el camino al raso. Van los niños de blanco, luz de la mañana, al colegio brotando con pura alegría; el párroco abre el templo, repica la campana, y en el alto regazo se siente la guía. En la nave serena de la Catedral, San Miguel, arcángel de firme coraza, mira al Cristo en el coloso de piedra imperial: dos guardianes velando por nuestra raza. Por la Plaza Central va el tropel de la vida, quien busca el sustento, quien busca un rosal, quien vaga en la brisa de sol suspendida, sin más rumbo ni prisa que el calor vital. ¡Oh, mi Real de Minas de luz y contorno! En tus cerros de pino, en tu cielo de añil, es imposible no amarte en cada retorno, soberana y de siempre, noble y milenar...