El mundo que Rosie escuchaba Un retrato de la voluntad Rosie habitaba un mundo sin colores, sin siluetas, sin el parpadeo fugaz de la luz al caer la tarde. Ciega desde el instante mismo en que el mundo la recibió, creció en esa oscuridad tan íntima que ya no la sentía como privación sino como una forma propia de ser: un universo interior donde los sonidos eran paisajes, las voces eran rostros, y la música era, acaso, su único espejo. Desde niña, sin embargo, ella soñaba. Y en sus sueños —que no eran de imágenes sino de sensaciones y palabras— se veía de pie frente a un aula llena de niños, enseñándoles el idioma que ella misma había aprendido a amar en la penumbra de su cuarto: el inglés, esa lengua extraña y musical que llegaba a ella desde la pantalla del televisor, desde las canciones de la radio, desde algún rincón luminoso del mundo exterior que ella no podía ver pero sí, profundamente, sentir. En la sala de su casa, mientras sus hermanos reían a carcajadas con las ocurrenci...