Cartografía de la Soledad
A menudo me preguntan cuál es la parte más difícil de estar solo a esta edad. Y yo respondo, con la transparencia de quien se desnuda en palabras: difícil es no saber qué mesa me espera en el restaurante, qué plato será mi recompensa tras la semana que me deshace y me reconstruye. Difícil es elegir el próximo libro, ese que me abrazará en la penumbra de mi cuarto, con una taza de té tibia que me recuerda que aún hay calor en las manos que sostienen páginas. Difícil es decidir la película que me acompañará en la oscuridad del cine, cuando la única respiración que escucho es la mía, y la historia se refleja en mis ojos como un espejo que no miente. Difícil es saber cuál será la próxima aventura, el viaje que me abrirá las venas del mundo, donde mi soledad se convierte en puente, en raíz, en un modo secreto de pertenecer. Pero en cada elección, en cada duda que me habita, hay también una certeza: la soledad no es vacío, es territorio fértil, es el mapa íntimo donde aprendo a ser mi ...