A un Amor Imposible

 


No sé si alguna vez sospechaste la verdad que he guardado en silencio: te he amado desde siempre. No fue un amor que buscara irrumpir en tu vida, ni alterar la paz de tu hogar, sino un sentimiento que nació como un susurro y poco a poco se convirtió en una llama discreta dentro de mí.
He admirado tu luz, tu fuerza, la ternura con la que cuidas a tu familia. Y precisamente porque sé que tu mundo está tejido con lazos sagrados —tu matrimonio, tus hijas, tu historia— jamás permitiría que mi presencia causara una herida en aquello que tanto amas.
Por eso me alejo. No habrá confesiones en voz alta, ni gestos que puedan confundirse con una promesa imposible. Me retiro con la serenidad de quien sabe que amar también significa proteger, incluso desde la distancia más grande.
En mi corazón quedará encendida la llama de este amor que nunca se convirtió en algo más, pero que fue suficiente para recordarme que la vida tiene misterios hermosos, que aunque no siempre se hacen realidad, logran sacar lo mejor que hay en nosotros.
Me despido con gratitud, con respeto, y con la certeza de que llevaré tu recuerdo en mi corazón hasta el día de mi muerte.
Siempre tuyo, en silencio,
Romeo

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